Biblioteca (Historia)

Biblioteca Academia de Artillería

 

      El Rey Carlos III, continuador de la labor de Fernando VI, fue el Monarca que más contribuyó a la expansión y consolidación de la Ilustración, movimiento histórico del siglo XVIII llamado también “Era de la Razón” o “Siglo de las Luces”, que trajo para el Reino de España muchos y excelentes progresos, tanto en lo humanístico como en lo científico-técnico.

 

      Cuando el Rey Carlos III ordenó al Conde de Gazola la creación de un Real Colegio de Artillería, dentro de las reformas del Ejército Español que emprendió, entendía que el Oficial de Artillería, además de poseer una formación científica excelente, debía ser un hombre ilustrado.

 

      En ese momento de la Historia, la “Enciclopedia” de Diderot marcaba la senda a seguir, haciendo que el saber, hasta esa época transmitido principalmente de forma oral, se recogiera en libros y publicaciones de toda índole, y por ello dio la orden de crear, dentro del Real Colegio, una Biblioteca que recogiera el máximo caudal científico y humanístico de la época.

 

      La preocupación por ella fue constante, contando desde sus inicios con un presupuesto para la compra de libros y otros efectos, como lo atestiguan los catálogos manuscritos que en la actualidad se conservan en la Biblioteca. La colección creció de forma admirable en la primera etapa del Real Colegio, de tal modo que de los primeros quinientos ejemplares de su fundación, el 16 de Mayo de 1.764, pasó a más de 11.000 volúmenes en 1.862.

 

      El Conde de Gazola ubicó el Real Colegio en el Alcázar de Segovia y continuó en él hasta el 6 de marzo de 1.862, fecha del incendio del mismo, exceptuando cortos lapsos de tiempo, como durante la Guerra de la Independencia (1.808-1.813), o su traslado a Badajoz (1.823-1.825)  o a Alcalá de Henares (1.830-1.839).

 

      Destruido el Alcázar por el incendio, la Institución docente se trasladó al Convento de San Francisco, que pertenecía al Ministerio de la Guerra gracias a la Desamortización de Mendizábal de 1.836, y que desde 1.852 ya era utilizado por el Real Colegio; Convento  que pudo ser fundado por el propio San Francisco en 1.220 sobre las ruinas del antiguo Convento de San Benito y actual emplazamiento de la hoy Academia de Artillería.

 

      De los 11.000 volúmenes con los que contaba su Biblioteca se lograron salvar 297,  los cuales se conservan en la estantería nº 64 de la Biblioteca actual. Gracias a los donativos, tanto en metálico como en libros, de los propios artilleros y sus familias, la Biblioteca se recuperó y se acrecentó.

 

      Una vez en San Francisco, la Biblioteca estuvo situada en distintas dependencias, destacando el periodo en el que se asentó en el segundo piso del claustro plateresco, pero en la actualidad se encuentra enclavada en la planta alta de la fachada principal de la Academia.

 

      Abierta a todas las ramas del saber científico-técnico de la época, con una lógica presencia más abundante de las Matemáticas y de la Geometría que eran la base del Plan de Estudios y que constituyen casi la mitad del total de fondos científicos, coexisten obras de Astronomía y Navegación, obras de Física, entre las que aparecen novedosos tratados de Electricidad y Meteorología, y un número menor de obras de Geografía, viajes científicos e Historia Natural; así como la importantísima colección de publicaciones periódicas de hasta veinticuatro sociedades eruditas y Academias de Ciencias de toda Europa que completan una Biblioteca científica de primer orden, sin olvidarnos de obras de Filosofía y Humanística.

 

      Al poseer una “Licencia para leer libros prohibidos en el Colegio de Segovia” del Arzobispo de Pharsalia Manuel Quintana Bonifar,  de 2 de Junio de 1.849, en la Biblioteca se encuentran Volúmenes de Autores contenidos en el “Índice”, que solamente se encuentran en esta.

 

      En total, la Biblioteca posee más de 52.000 volúmenes en sus dos Salas, denominadas una, de Fondo Antiguo; y otra, de Fondo Moderno.

 

      De ellos, más de 11.000 volúmenes están datados entre 1.531 y 1.900, y allí se pueden encontrar autores tan importantes  como Euclides, Tartaglia,  Newton, Copérnico, Galileo, Humboldt, Jorge Juan, Juan de Ulloa, Descartes, Voltaire o Diderot, entre otros; junto a tratadistas artilleros importantísimos como Cristóbal Espinosa, Diego de Álava, Luis Collado, Firrufino, Lechuga, Ufano, o Belidor.

 

      La obra más antigua que se conserva es de 1.531 y se trata de un tratado de Hipología de Lorenzo Rusio titulado “Hippiatria”.

 

      El Fondo Bibliográfico está catalogado y vertido en el Catalogo Colectivo de la Red de Bibliotecas de Defensa (Bibliodef) y se puede encontrar en Internet en la dirección: www.bibliodef.es.

      La Biblioteca sigue viva y llena de proyectos; por esta razón se encuentra actualmente inmersa en el Proyecto de Biblioteca 2.000 de la UNESCO, con las salvedades propias por estar enclavada en un Centro Militar.

 

      La Biblioteca está a disposición del ciudadano y su acceso es totalmente libre y gratuito.

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